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Prosa poetica. El autor reside en Funes, Santa Fe. envio william baccino
Antelación de lluvia, solo un segundo antes de. Una vez mas la voz de la intuición y su fonética imaginaria me dirige la palabra, oigo decirle que lloverá, oigo avisarme. Aunque algo inquieto le confieso en silencio que esto no me turba; como no lo haría jamás el alud de estrellas que ví caer alguna vez sobre tus ojos, o el caprichoso mar que aún no conozco. No hoy. No en esta mañana casi presente, no hoy que todo es hielo o es vacío. Quizás lo haga en un futuro apresurado, quizás despierten en mí como nunca antes, en calidad de pánico, sensaciones encontradas, el cauce infinito de la ola magna rompiendo contra mi pecho, o la blanda negra tierra como mi lecho ultimo. Hasta puede que lo haga un dulce beso tuyo o la ausencia de tu mano dibujando una caricia en mis espaldas. Pero tal vez no sea yo quien naufrague (por temor, o amor o amarga adolescencia) en esta cuenca de costas sureñas que luces de faros visten de gala en intermitencia. Sagaz, los vientos en su aventura de ser, ostentan picando el dulce río, rodeándome me envuelven, como los fuertes brazos de mi madre cuando niño. Y con esto la sospecha prima, el aguacero… Inquietos vividos detalles de este óleo nuboso, de esta escala de grises vuelan agrupados hacia el sudeste, como huyendo en desesperada cooperativa; van en busca de la mansa calma de aquellas costas sureñas en desamor o el desencuentro. Invade empalagoso el aroma a humedad, esa fragancia sensacional que brota de las rocas, donde cubiertas de negro musgo se deslizan las gotas, una a una se deslizan y se pierden en el fondo y es como si rieran en el eco eterno de las corolas. Empalagoso, invade aquel rincón del que me adueño en la visita, donde me afirmo, giro soberbio mi torso hacia el espectáculo, me alzo, soy amo y señor de esta tierra que hoy piso; y del inacabado horizonte, cómplice y reflejo en mis pupilas que hoy brillan o lloran desubicadas. Desde aquí es que dirijo, puedo y debo aventurarme, porque me debo a esto, armo y desarmo, tejo tristes redes que lanzo a la mar ansiosa, creo como el zaino potro el andar propio de mis propias pampas y destruyo la intolerancia que es turba enmarañada que apresa a la crisálida en un nuevo capullo. Especulo con las cantidades, apuro la embestida, el fortuito ataque y perezoso agonizo la retirada, la de mis días, la de mis pasiones; estratega de mi destino solo siento y me abandono al impulso. Soy el protector, el que nunca duerme, la eterna desvela; moro de rizados cabellos que avista jubiloso desde lo alto de la torre la llegada del bienvenido y en contrapunto, cauteloso y con temor la soledad del sendero del visitante. Sueño, me pierdo una y otra vez en la búsqueda de mi punto en el universo, el que me pertenece y al que todo le es suyo, al que nada le es ajeno. Me abstraigo de la aventura de abstraerme y despierto, creo, en la inconstancia de mi consciencia un instante antes de llover. Todo es silencio, es calma ensordecedora, es no tiempo en el ser, en mí ser. Quiebra el inmenso tronando la luz de todas las luces! Rompe en llanto el alguna vez celeste cielo dando vida al amor y a la siembra. No son una, no dos, sino cientos, cientos de millones de furiosas gotas estallando contra el paisaje! al que por azar natural o por destino esta mañana de verano pertenezco. Y ahora… la confusión, se pierde la antigua calma, el silencioso murmullo embriagando de vértigo a los inoportunos caminantes, anaranjadas mariposas heridas contrastan sobre el blando y verde césped del paseo floral. Lluvia de abriles de pascuas y natalicios, hoy de noviembres. Oh, dulce noviembre que has apagado en ella la inquietud por el reencuentro, deseo que seas tu quien trajo a mí la soledad y su vago y oscuro aspecto.
Texto VIII El cielo esta a punto de estallar, esta a punto de reventar rojo sangre. El homicidio surrealista en manos del imponente o el suicidio irreverente de libertad. Los árboles desnudos sus pechos de un otoño que se va, reciben como abrazando a este invierno prematuro. La curva del tiempo hace a la noche y todo cae en silencio. Muy a pesar, como lejanos, se escuchan sentencias de ruidos, angostos rugidos de fantasmas en peregrinación vaga que se desvelan impersistentes. Camino la calle llena de tiempo perdido. De repente la sirena del tren que llega sin tocar, desaparece derruida por los vientos, aquellos que devoran a los débiles. Aunque desfigurada la imagen parda de mi sombra aún la percibo, mi andar se hace lento, parece querer dejarse atrapar, pero solo es un juego, el tiempo también lo es, como también lo es el amor. La persigo caprichoso, creo, necio, poder pisarla y retardarla solo un segundo al menos. Parece que lo he logrado ahora camina a mi par, pero ha aparecido otra que tomo su lugar y otra mas, (una tercera) y otra. Son cuatro las sombras que ahora caminan conmigo, una a mi par y tres por delante, la madre tierra como un espejo refleja esta noche un abanico de mí reflejos. Todo se confunde y vuelve a ser solo una, pero ahora esta es gigante, la luz incidental me juega una broma. Parece que todos duermen y yo cuidando sus sueños. Me dejo caer, me entrego a la media noche. Sin apuros ni apremios. Sin penas no conocidas. Un rocío muy ligero cae sobre mi rostro, o será llovizna, o será rocío. Nuevos ruidos, esta vez de niños. Duros gritos de niños jugando a no temer, me llegan y se van como lo ha hecho entonces ella. Vuelvo sobre mis pasos a caminar la noche. La vuelta completa ha llegado a ser.
Texto X
Antes que cierres tus ojos, me reflejaré en ellos y estaré desnudo
Y no recordaré tu nombre, ni la razón por la que te di muerte,
solo murmuraré una canción de cuna mientras abrigo tus manos.
Texto VII En el inconformismo inconsciente muero,
huyo,
amo
y también me retraigo,
me reprimo. Tu voz seduce mis espaldas y las entibia.
Tendido en mi lecho te recuerdo una noche mas,
en el suspiro de mi sueño todavía te figuras. Eres la sombra retorcida que me observa descansar,
la cruda luna muda o la nula vanidad.
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